miércoles, 1 de noviembre de 2017

173-183 HISPANOAMERICANOS VILLA HUEHUETENANGO

 

viernes, 29 de diciembre de 2017

EL MÁRTIR DEL GÓLGOTA. TRADICIONES DE ORIENTE

1866 
EL MÁRTIR DEL GÓLGOTA. 
TRADICIONES DE ORIENTE 
SU AUTOR 
ENRIQUE PEREZ ESCRICH. 

Dimas arrebató un cabrito á unos pastores. 
Desde entonces empezó á vagar como un malhechor por 
lo mas fragoso de los bosques. 
De noche abandonaba sus incultas madrigueras para 
asaltar á los indefensos caminantes; pero el desgraciado 
huérfano , que aborrecia la sangre por instinto , jamás em- 
pleaba otras armas que la amenaza para despojar á sus víc- 
timas. 
Mientras tanto la luna nueva se aproximaba, y Dimas no 
habia aun satisfecho al cuchillero las veinte onzas romanas 
que le adeudaba. 
Habia jurado pagarlas por la memoria del insepulto ca- 
dáver de su padre, y era preciso cumplir el juramento. 
¿Mas cómo, cuando ni un miserable denario de cobre 
poseía? 
Dimas, sentado al borde de una angosta barranca, co- 
menzó á reflexionar sobre su suerte futura. 
Habia dado el primer paso en la carrera del crimen. 
Sus hazañas bandálicas no pasaban aun de miserables 
despojos cometidos á los indefensos pastores con el solo objeto 
de aplacar el hambre ; entonces allí solo encerrado consigo 
m ismo comprendia lo que habia hecho. 
Era imposible retroceder; pero también comprendía que 
era indispensable que sus aventuras fueran en mayor escala. 
Ladrón por ladrón , se dijo, busquemos oro: la vida lo 
mismo se arriesga robando un sertesio (1) que un talento (2) 
hebreo ; la honra lo mismo se pierde robando una paloma 
que un buey. 
Hecha esta resolución , Dimas se puso en pié , y agitando 
sus largos cabellos con un movimiento enérgico de cabeza, 
lanzó una mirada altiva por aquellas soledades que le cerca- 
ban, y acariciando el tosco mango de su cuchillo murmuró 
estas palabras : 
—Cuando la vida se tiene en poco , el hombre puede lle- 
gar á ser mucho; sí, es preciso que yo sea el rey de estos 
bosques, el terror de Israel. 
Por entonces vivaqueaba en los montes de Samaría una 
cuadrilla de bandidos que , á la sombra de las contiendas ci- 
viles que agitaban las tribus de Israel, cometian toda clase 
de crímenes con una audacia increíble. 
En vano Herodes enviaba á sus soldados para estermi- 
narlos: los bandidos de Samaría eran invisibles, y sin em- 
bargo el teatro de sus bandálicas escenas era el corazón de 
Palestina. 
Los mercaderes de Egipto , de Damasco , de Tiro y Sidon 
se veían con frecuencia asaltados en medio del dia, en mitad 
de los caminos. 
La audacia de los bandidos samaritanos no tenia límites. 
Las calles de Jerusalen presenciaron mil veces escenas de 
repugnante barbarie llevadas á cabo por el puñal homicida 
de los indómitos habitantes del monte Hebal. 
Sus devastadoras correrías se estendieron desde la tribu 
de Judá á la tribu de Aser, y no pocas veces cruzando el 
(1) Moneda de cobre de poco valor. 
(2) El talento hebreo equivale á mil quinientos ochenta y tres pesos Ju- 
ros y algunos reales de nuestra moneda. 
Jordán habian llevado el terror y el saqueo hasta los bos- 
ques de Efraim. 
Los montes de Samaría con sus profundas cavernas les 
servían de refugio para burlar las persecuciones de los hero- 
dianos. 
El tétrico y solitario castillo que coronaba la cima del 
Hebal les servia de cuartel de invierno. 
Dimas era valiente: desesperando hallar la sociedad de 
los hombres honrados, se decidió á buscar la de los feroces 
bandidos de Samaría. 
Después de cuatro días de marchas forzadas llegó á las 
faldas del terrible monte. 
Nadie se hubiera atrevido á tanto en aquellos tiempos. 
La desesperación centuplicaba el ánimo del hijo del pla- 
tero jerosolimitano. 
Dimas se detuvo como á unos treinta pasos de la solita- 
ria fortaleza. 
La subida era espinosa y cansada: desfallecido por la fa- 
tiga se sentó sobre una piedra. 
Se hallaba solo: ni el canto de las aves, ni la voz humana 
interrumpían la profunda soledad de los hondos precipicios 
que le rodeaban. 
Dimas parecía el genio del mal, cuando después de su 
caida se sentó al borde del abismo á contemplar por un ins- 
tante la horrible mansión que Dios le concedía en castigo de 
su soberbia loca. 
CAPITULO IV. 
Los bandidos. 
Ni una sola nube manchaba el claro y hermoso horizonte 
de Palestina. El sol, desde la mitad del cielo, bañaba con la 
radiante luz de sus rayos las escabrosas cordilleras y los fér- 
tiles llanos de Samaria. 
Y allá á lo lejos, por la parte del Este, se extiende una 
nube cenicienta que, á semejanza de una larga culebra de 
gasa, hunde su enorme cabeza en las azuladas aguas del 
lago de Genezarett; mientras que su enroscada cola iba á 
sepultarse entre las pesadas y malditas aguas del mar 
muerto. 
Aquella cinta de encaje flotante, aquella manga de polvo 
que parece brotar de la tierra, eran las nieblas del Jordán 
que se elevaban al cielo en vaporosas y húmedas emana- 
ciones. 
Dimas contempló en silencio el grandioso panorama que 
se estendia ante sus ojos. 
De vez en cuando sus miradas se fijaban en el tétrico y 
solitario castillo. 
Su cerrada puerta, sus desiertas almenas, sus desmoro- 
nados muros , le daban el aspecto de una de esas mansiones 
malditas, cuyas sangrientas tradiciones apartan con espanto 
de sus contornos á los medrosos habitantes de las aldeas, á 
los ingenuos y supersticiosos apacentadores de ganados. 
Dimas, firme en su propósito, después de asegurarse de 
que su puñal permanecía oculto en los pliegues de su túnica, 
desrolló de su cintura una honda formada con hojas de pal- 
mera seca, colocó una piedra de tres pulgadas de diámetro 
en la cuna de la honda, y luego, haciéndola girar como un 
molinete sobre su cabeza, envió el proyectil dentro del cas- 
tillo por encima de sus murallas. 
Esperó algunos momentos, pero nadie asomaba á sus 
torreones. 
Volvió á repetir por tres veces la misma maniobra; pero 
éstas, como la primera, tuvieron el mismo resultado. 
— El castillo está solo, se dijo; y una sonrisa estraña asomó 
á sus labios. 
Luego continuó hablando consigo mismo. 
— Bueno fuera que un barbilampiño como yo se apoderara 
de la bolsa de esos zorros barbados que hacen temblar con 
solo sus nombres á los impíos y afeminados romanos, á los 
torpes y cobardes herodianos, y á los indefensos mercaderes 
de el Nilo, el Eufrates y el Jordán. 
 Dimas, después de murmurar estas palabras, se quedó un 
momento pensativo. 
Luego se pasó la mano por la frente varias veces , y des- 
nudando su largo puñal y arrojando una saliva sobre una 
peña, se puso con tranquilidad á afilar la punta del instru- 
to que habia vengado á su padre. 
— Ea, valor, Dimas; la muerte es un momento: la vida es 
larga y pesada cuando se tiene hambre y se duerme en des- 
poblado. 
Y diciendo esto se encaminó resueltamente hácia el cas- 
tillo , en cuya puerta descargó tres fuertes golpes con una 
piedra que habia cogido al paso, de propio intento. Nadie 
respondió. 
Entonces, seguro que el castillo se hallaba abandonado, 
reconoció escrupulosamente el muro que le cercaba , halló 
un trozo derruido, por el cual, aunque no con macha facili- 
dad, podía escalarse la fortaleza por las muchas grietas y 
rajadas piedras. 
Con el puñal en los dientes comenzó á trepar por la 
muralla. 
Una mano que hubiera flaqueado, una piedra que se hu- 
biera desprendido, su muerte era segura; su cuerpo, rodando 
de abismo en abismo , se hubiera deshecho en sangrientos 
pedazos contra los salientes picos de las rocas

domingo, 11 de febrero de 2018

CÓMO ESPERÓ LA MUERTE REINALDO PAGET-Su hijo póstumo

CÓMO ESPERÓ LA MUERTE REINALDO PAGET
(Condensado del ¡libro. «My Life as a Teacher»)
Por John Erskine
Selecciones Enero 1949
CONOCí a Reinaldo Paget en el otoño de 1914, época en que enseñaba yo en la Universidad de Columbia. Al pedirme consejo acerca de sus estudios, mostró interés mucho mayor que el de la generalidad de los alumnos. Me parece estar viendo a aquel joven de cuerpo endeble, mirada viva y, rostro de expresión inteligente y despierta, que llegó a mi despacho en una silla de ruedas; tenía ambas piernas inutilizadas.
Me confió que unos amigos le facilitaron con qué terminar sus estudios, y que su único problema consistía en aprovechar lo mejor posible dos años y medio.
—¿Y qué piensa hacer después?—le pregunté.
Sonriose y repuso:
—Después... moriré.
No supe qué decirle. Pero él disipó, al punto lo penoso de tal silencio. Estaba aquejado de parálisis progresiva. Era probable que conservase el uso de brazos y manos un par de años. El de la palabra y la lucidez intelectual lo acompañarían hasta el fin, que sobrevendría apenas le invadiera el corazón la parálisis.
En los dos años siguientes a esto, no hubo en la Universidad estudiante más aventajado que Reinaldo Paget. Jamás le oyó lamentarse de la situación a que veía reducido. Era la suya el alma de mejor temple que me haya tocado conocer.,aquella intensidad con, que saboreaba la vida nos hacía sentirnos a los demás avergonzados de nuestra tibieza.
Solamente una queja tenía del destino¡ otros jóvenes podían soñar con perpetuarse en sus hijos; con ser un eslabón en la cadena de las generaciones.
Mientras más de cerca lo conocía, más me maravillaba verle sobreponerse a tantas dificultades. Ocupaba un reducido departamento. Una enfermera acudía a asistirlo en las horas del día que le dejaban libres sus otras ocupaciones. Era mujer unos años mayor que él, muy entendida en el oficio, y por la cual sentía Paget profundo agradecimiento.
En el último semestre el enfermo decayó rápidamente. Al final, faltó quince días a clase. A todos nos apesadumbraba su ausencia. Cuando sobrevino el desenlace fatal, la capilla de la Universidad rebosaba de estudiantes deseosos de rendir a Pagel el último tributo de afecto.
Desde que supe su gravedad había ido a visitarlo diariamente. Al contemplarlo ya difunto me impresionó la victoriosa serenidad que reflejaba su semblante. Llorando en silencio, la abnegada enfermera hablaba del sereno valor con que el moribundo se hundió en el último sueño. Por ella me enteré de la parte más sorprendente de esta historia:
Por que muriese más tranquilo, y tambien, desde luego, por el amor que había llegado a inspirarle, la enfermera se casó con él. Endulzó la agonía del heroico paralítico la certidumbre de que no sería el último de su linaje.
Su hijo póstumo fue un varón.

domingo, 16 de septiembre de 2018

CONQUISTA DE GRANADA -LOJA- CAP VVIII IRVING WASHINGTON

CONQUISTA DE GRANADA
IRVING WASHINGTON
Llegando á aquella plaza, asentó el Rey su estancia entre unos
olivares, á orillas del rio Jenil, que por aquella parte pasa muy
hondo, y acanalado por unas riberas tan altas, que con dificultad se
puede vadear, y los moros estaban en posesion del puente. Las alturas
inmediatas fueron ocupadas por la demas tropa, distribuida en varios
acampamentos, pero separados unos de otros por barrancos, de suerte
que en caso necesario, no podian acudir á socorrerse mútuamente. La
artillería, por otra parte, se colocó con tan poco acierto, que no
se pudo sacar de ella utilidad alguna, y la aspereza y desigualdad
del terreno impidieron no poco las maniobras de la caballería. Todos
estos defectos fueron notados por el duque de Villahermosa, hermano
natural del Rey, que aconsejó se mudase el campo á otra parte, y se
echasen puentes sobre el rio. Hiciéronse algunas diligencias á este
efecto, pero con tan poca actividad y conocimiento, que no fueron de
ningun provecho. Hay cerca de la ciudad un cerro llamado cuesta de
Albohazen, que por dominar á aquella ciudad y estar situado delante
del puente, era muy á propósito para contener al enemigo. Para
remediar en parte los desaciertos cometidos, y dar mayor seguridad al
campo, se hacia preciso apoderarse de aquella altura y fortificarse
en ella; por lo que mandó el Rey que acometiesen á tomarla; y
este honroso encargo se confió al valor y bizarría del marqués de
Cádiz, el marqués de Villena, don Rodrigo Tellez Giron, maestre de
Calatrava, su hermano el conde de Ureña y don Alonso de Aguilar.
Subieron allá estos ínclitos guerreros con sus tropas, y vióse en
breve relucir la cuesta de Albohazen con las armas de Castilla.
Mandaba á la sazon en Loja un alcaide viejo llamado Aliatar, cuya
hija era la sultana favorita de Boabdil. Era Aliatar un esforzado y
valiente moro, muy versado en la guerra, como que se habia criado en
ella; y aunque muy cargado de años, (pues llegaban á noventa los que
tenia) conservaba en la vejez todo el fuego y energía de la juventud.
Su nombre era el terror de la frontera, su espíritu indómito y fiero,
é implacable el odio que profesaba á los cristianos. Tenia á sus
órdenes tres mil ginetes, con los cuales habia hecho muchas correrías
muy señaladas, y estaba esperando por momentos la venida del Rey
viejo con tropas de refuerzo. Desde las torres de su fortaleza,
habia observado este veterano caudillo los movimientos del ejército
cristiano, y ninguno de los errores que cometieron se ocultó á su
penetracion. Aquella misma noche, mandó salir un cuerpo numeroso de
tropa escogida, con órden de ponerse en emboscada junto á una de
las faldas de la cuesta de Albohazen; y al dia siguiente hizo una
salida por el puente, fingiendo atacar aquella altura. Corrieron á
hacerle rostro los caballeros que alli estaban, dejando desamparado
el puesto, y al punto Aliatar finge ceder al ímpetu del enemigo y
retrocede: los cristianos le persiguen, y hallándose ya bastante
apartados de su campo, oyen á retaguardia un clamor terrible;
vuelven el rostro y ven atacado su acampamento por los moros que
habian quedado en emboscada: acuden los cristianos á la defensa
de sus estancias, y tornan á pelear con grande ánimo; pero Aliatar
revuelve al instante contra ellos y los embiste. Viéronse entonces
los caballeros acometidos de frente y por espalda, y con esta
desventaja sostuvieron el combate por espacio de una hora: la cuesta
de Albohazen se empapó en sangre, y quedó cubierta de montones de
cadáveres; pero viniendo luego á socorrerles una parte del ejército
cristiano, fue forzado el fiero Aliatar á retirarse, y se volvió con
los suyos á la ciudad. Algunos caballeros de fama perecieron en esta
refriega: entre ellos don Rodrigo Tellez Giron, que murió de una
saeta, la cual le acertó debajo del brazo al tiempo de levantarlo
para descargar un golpe. Fue muy sentida su muerte, por haber
ocurrido en la flor de su edad, cuando apenas contaba veinte y cuatro
años. Los Reyes le lloraron como á uno de sus mejores vasallos,
los capitanes como á un fiel compañero de armas y partícipe en sus
glorias y peligros, y los soldados como á un gefe bajo cuya conducta
se habian prometido alcanzar los mayores triunfos.
Alterado por este revés, y conociendo, aunque tarde, ser muy acertada
la opinion del marqués de Cádiz en cuanto á la insuficiencia de sus
fuerzas para aquella empresa, convocó el Rey aquella noche un consejo
de guerra, y se acordó, para evitar mayores desastres, retirar el
ejército y replegarse sobre Riofrio, no muy lejos de alli, á fin de
esperar la reunion de las tropas que venian de Córdoba. Al amanecer
del dia siguiente, se empezaron á abatir las tiendas en la cuesta de
Albohazen; y notando el vigilante Aliatar este movimiento, salió sin
tardanza para dar un nuevo ataque. Una parte del ejército cristiano,
á quien aun no se habia comunicado la órden de levantar el campo,
viendo que se abandonaba aquella posicion importante y que salia toda
la guarnicion de Loja, entendió que los moros habrian sido reforzados
la noche pasada por la venida de su Rey, y que el ejército se habia
puesto en retirada. Al punto y sin detenerse á recibir órdenes, se
entregan á una fuga precipitada; y comunicando su confusion á los
demas, no paran en su carrera hasta llegar á un parage dicho la Peña
de los enamorados, distante de Loja unas siete leguas[17].
  [17] Pulgar, Crónica.
El Rey y los capitanes que le asistian reconocieron el peligro de
aquel momento, y haciendo frente al enemigo, sostuvieron repetidas
cargas, para dar tiempo á que se recogiese el campo y se pusiese
en salvo la artillería y demas pertrechos. Conseguido este objeto,
corrió el Rey á una altura desde donde llamando á voces á los
fugitivos, procuraba rehacerlos. Reuniéronsele unos pocos, con
los cuales, metiéndose por medio del fuego enemigo, arremetió á
un escuadron de moros con tal denuedo y valor, que los arrolló y
echó hasta el rio, donde fueron ahogados los que no murieron con
la espada. Pero reforzados los moros, volvieron en mayor número, y
corrió gran peligro la persona del Rey: dos veces debió la vida al
valor de don Juan Ribera, señor de Montemayor. El marqués de Cádiz,
viendo desde lejos el riesgo de su Soberano, corrió á socorrerle
seguido de unos setenta ginetes, y de la primera lanzada atravesó al
mas osado de los moros. Herido el caballo de un flechazo y sin mas
armas que la espada, se echó entre el Rey y los enemigos, y haciendo
prodigios de valor, le sacó de aquel aprieto. Á su constancia y
serenidad se debió principalmente la salvacion de la mayor parte del
ejército[18], en el cual hubo, no obstante, grandes pérdidas, por lo
mucho que en aquel azaroso dia se expusieron los caudillos. El duque
de Medinaceli fue derribado de su caballo, y estuvo en poco no cayese
en manos del enemigo: el conde de Tendilla recibió varias heridas, y
no fue menos lo que padecieron otros hidalgos de nota y caballeros
de la casa real. Por último, recogido la mayor parte del bagage y
restablecido algun tanto el órden, comenzó á retirarse el ejército,
evacuando las cercanías de Loja y la sangrienta cuesta de Albohazen,
con pérdida de algunas piezas de artillería, muchas tiendas de
campaña y una cantidad de provisiones.
  [18] Cura de los Palacios, c. 58.
Siguió Aliatar el alcance, picando la retaguardia hasta llegar á
Riofrio. Desde alli pasó el Rey Fernando á Córdoba, donde procuró
escusar este mal suceso, atribuyéndolo al poco número de sus fuerzas
y á la circunstancia de ser gente allegadiza, sin experiencia ni
disciplina. Tal fue el éxito de esta mal trazada expedicion, en que
recibió Fernando una leccion que le hizo mas cauto en adelante y
menos confiado en su fortuna. Entre tanto, para consolar y animar á
sus soldados, ordenó una nueva incursion en la vega de Granada.
JUAN VILLATORO
26 JUNIO 1857
HIJA DE PATRICIA VILLATORO
MADRINA. CRESENCIA CASTILLO_ SOLTERA
CIRILO  VILLATORO VILLATORO
11 JULIO 1857
HIJO DE GUILLERMO VILLATORO Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA. URSULA  DIAZ - SOLTERA
50
PROCOPIO FRANCO
MANUEL MARIA HERRERA SAMBRANO
18
HIJO DE JOSE HERRERA
51
BERNAVELA ARGUETA  PALACIOS
18
HIJA DE VALENTIN ARGUETA Y DE FAUSTINA PALACIOS
PADRINO; JOSE MARIA CASTILLO
BENTURA RECINOS 18
HIJ
ADRIN
JOSE MARIA MAURICIO 18
52
MARIA DE LOS ANGELES CASTILLO  MENDEZ
SALVADORA HERRERA RIVAS 18
PANTALEON RIVERA  PALACIOS
53
MANUEL DE JESUS PALACIOS  VELASQUEZ
MADRINA: CONCEPCION RIOS-SOLTERA
CIRIACA RUBIO
HIJA DE DIONICIO RUBIO Y DE DIONICIA RUBIO
MARIA DE LOS ANGELES CASTILLO
54
PAULA DE JESUS HERRERA
MADRINA: SAN DIEGO SAMAYOA
JUAN FRANCISCO VILLATORO
BERNARDA PALACIOS RECINOS
55
GERONIMA EMILIANA LOPEZ RIVERA
TEREZA FRANCISCA RIOS
AGUSTIN CIFUENTES
56
RAMONA CASTILLO RECINOS
JUAN SOSA CHAVES
MARIA CORONADO ARGUETA
27 SEPTIEMBRE 1857
HIJA DE JOSE CORONADO Y DE  DOLORES ARGUETA
 57
MARIA JOSEFA L.OPEZ
ESTEBAN LOPEZ JUAREZ
MARIA NATIVIDAD RIOS
58
MARIA JOSEFA HERRERA  MERIDA
59
MANUEL DE LA CRUZ RECINOS GRANADOS
60
MARIA VASQUEZ TARACENA
MADRINA TIBURCIA RIVERA CASADA CON MARIANO CALDERON
MARIA DEL ROSARIO MONZON
RIVAS CASTILLO
61
ROSA LOPEZ
62
MARIA DEL PILAR HERRERA DIAZ
12  OCTUBRE 1857
HIJA DE  JUAN HERRERA Y DE MARIA DIAZ
PADRINO.JUAN ALVA CASADO CON JUANA LOPEZ
FLORENTINA MONZON
PEDRO CASTILLO AGUIRRE
63
YRENE ESTRADA VASQUEZ
64
RAFAELA RECINOS LOPEZ
SIMON DE LEON VILLATORO
65
VICTORIA RIOS
66
ESTEBAN CASTILLO LOPEZ
67
BARBARA LOPEZ CARDONA
68
BARBARA CALDERON
YSABEL JOSEFA GUJTIERRES DE LEON
MARIA CONCEPCION GRANADOS MORALES
JOSE MARIA LOPEZ MORALES
AMBROCIO RECINOS LOPEZ
69
NICOLAS TANCHES
JOSE LEOCADIO PALACIOS  ORDOÑES
JOSE LEOCADIO VELASQUEZ CASTILLO
70
EUSEBIA PALACIOS MARTINEZ
17 DICIEMBRE 1857 CAMBIO DE CURA JUAN RAULL
70
JOSE MARIA DE JESUS LOPEZ ARGUETA
DEMESIA GUTIERREZ PALACIOS
MANUEL MARIA VILLATORO CASTILLO
 71
TEODORO LOPEZ MERIDA
SILVESTRA JOSEFA PALACIOS LOPEZ
72
VIRGINIA DE LA SOLEDAD DIES
LADINA
2 ENERO1858
HIJA DE SEBERINA DIES
MADRINA: CONCEPCION CASTILLO
BALTASARA SOSA CASTILLO
BALTASARA D E JESUS GIRON CIFUENTES
JULIAN  AGUSTIN DE LEON
HIJO DE ROMAN AGUSTIN Y DE GUADALUPE DE LEON
MACARIO MORALES
73
YNES DE JESUS MONZON
74
JOSE PABLO HERNNADEZ AGUSTIN
PABLO RAMON MONZON MONZON
25 ENERO 1858
HIJO DE MARCELO MONZON Y DE MARI ADEL ROSARIO MONZON
MADRINA PERFECTA MONZON
PETRONA DE LA SOLEDAD RUBIO HERRERA
31 ENERO 1858
HIJA DE NICASIO RUBIO Y DE REMIGIA HERRERA
MADRINA: APOLONIA RIVAS
DESIDERIO ANTONIO ARAGUEZ
5 FEBRERO 1858
HIJO DE CECILIA ARAGUEZ
MADRINA: EUGENIA LOPEZ
NICOLAS DE JESUS LOPEZ ZAMBRANO
75
MARIA CANDELARIA DE BARRIOS MORALES
DOROTEO DE JESUS SOSA
 “EN SIETE DE FEBRERO”
FELIPE DE JESUS MERIDA CALDERON
“NACIÓ ANTES DE AYER”-5 FEBRERO 1858
HIJO DE JUAN MERIDA Y DE SOLEDAD CALDERON
FERNANDO DE JESUS VILLATORO AVILA
4 FEBRERO 1858
HIJO DE MIGUEL VILLATORO Y DE LEOCADIA AVILA
PADRINO: FLORENCIO AVILA
JUANA MARIA CASTILLO ALVARADO
76
MANUEL DE JESUS MOLINA RODRIGUEZ
15  FEBRERO 1858
HIJO DE MARIANO MADALENO MOLINA
 Y DE MARIA DE LOS ANGELES RODRIGUEZ
MADRINA: DESIDERIA ANTONIA VILATORO
MARCELO DE LEON HERRERA
REMITIDA A SUMPANGO
TOMASA VILLATORO DELGADO
FLORENCIO SAMAYOA
JUANA FRANCISCA CASTILLO
SEBASTIAN CHAVES PALACCIOS
ROSENDO CHAVES MORALES
GREGORIO VILLATORO
77
EULOGIO LOPEZ RIOS
HIJO DE MANUEL LOPEZ
JOSE MIGUEL ESPINOSA PORRES

HIJO DE ALEJANDRO ESPINOSA Y DE ANACLETA PORRES
PADRINO: JOAQUIN MONT
AGAPITA  DE JESUS LOPEZ RODRIGUEZ
AGAPITO ABRAHAM ARRIOLA
MATILDE DE JESUS VILLATORO CALDERON
78
GABRIEL ALFARO  CASTILLO
FRANCISCA DE JESUS PALACIOS
TEODORA DE JESUS CARDONA MOLINA
MARIA FRANCISCA DE JESUS CASTILLO ARGUETA
MARIA RICARDA SOSA CARDONA

 REVISAR -REVISAR
VICENTE DE LA ROSA  PALACIOS
VICENTE DE LA ROSA  PALACIOS
5 ABRIL 1858
HIJO DE MANUEL DE LA ROSA Y DE RITA PALACIOS
MADRINA: JOSEFA ALVAREZ
HUEHUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO 
 REVISAR
JOSE MIGUEL ESPINOSA PORRES

13 MARZO 1858

HIJO DE ALEJANDRO ESPINOSA
 Y DE ANACLETA PORRES

PADRINO: JOAQUIN MONT
VILLA DE HUEHUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO 

EULOGIA RAMONA ARAGO
3 JULIO 1858
HIJA DE TOMASA ARAGO
MADRINA: JUANA CASTILLO
VILLA D EHUEHUETENNAGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO 
 
JOSE MARIA HERNANDEZ SANTA MARIA
7 julio 1858
HIJO DEL SOR. D. JOSE HERNANDEZ Y DE NATALIA SANTA MARIA
PADRINO: EL SEÑOR . DON CARLOS RIBERA CABEZAS
(F) CURA: JUAN RAULL

 “VISTA PARA SU MATRIMONIO JUNIO 2 DE 1877”
JUANA ROSA VALDES MONT
30 AGOSTO 1858
HIJA ”DEL SEÑOR DON FRANCISCO VALDES” DEL LLANO
_DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ESPAÑA_
“ Y DE LA SEÑORA DOÑA SUSANA MONT”
PADRINO: “EL MISMO CURA QUE SUSCRIBE”
VILLA DE HUEHUETENANGO
 
 
JOSE REMIGIO GALVEZ RODRIGUEZ
2 OCTUBRE 1858
HIJO DE RAFAEL GALVEZ Y DE FIDELIA RODRIGUEZ
MADRINA: JESUS GUTIERREZ
 
“VISTA PARA SU MATRIMONIO EN ENERO DE 1880”
JOSE HERACLIO DE JESUS  ALVARADO LOPEZ
10 MARZO 1859
HIJA DE ENRIQUE ALVARADO Y DE LEANDRA LOPEZ
PADRINO: CAYETANO PALACIOS
(F) CURA  CIPRIANO MIRALLES
 
JOSEFA CHAPETAS
LADINA
25 NOVIEMBRE 1859
HIJA DE BARBARA CHAPETAS
MADRINA: ENCARNACION GALINDO
 
 
MARIA PAZ FUNDES RAMOS
24 ENERO 1860
HIJA DE EUGENIO FUNDES Y DE VICTORIANA RAMOS
 
 6 7 17 HISP SEFAR
PIEDAD JACOBA ZEPEDA ESCANDON
23 AGOSTO 1860
HIJA DE  JOAQUIN ZEPEDA Y DE MAGDALENA ESCANDON- DE CHIAPAS, MEXICO
MADRINA. SINFOROSA AGUIRRE

viernes, 26 de octubre de 2018

AQUÍ COMIENZA LA PROSPERIDAD DE LA FAMILIA Y DE LAS NACIONES

28:1 Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.
28:2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.
28:3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.
28:4 Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 
28:5 Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.
28:6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. 

 28:12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.
28:13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas,

HISPANOAMERICANOS VILLA HUEHUETENANGO
1860-1861
173
ROSAURA RIOS VELASQUEZ DE DAVID RIOS Y ANDREA VELASQ MADRIN TEOD HERRER
MAN GUT
FRANCISCO DIAZ CIFUENT
LUIS LOPEZ  MORALES
CHAVES MERIDA
174
RAFAELA DE JESUS AVILA SOSA MADRINA CARMEN SOSA  1885 MATRIM
ESTER CHAVES PALACIOS
SIMONA CHAVES PALACIOS
VICENTE MORALES ARGUETA DE ALBINO MORALES Y DE MANUELA ARGUETA  MADRI MARGARITA MORALES
SIMONA HIJA DE BERNABELA DE LEON
RIVAS LOPEZ
BALENTINA MORALES RIOS
175
MARIA CARLOS CHAVEZ MADRINA SALOME MONT
MONZON SOSA
 REMITIDA A CHIMALTENANGO EN NOV 1879 JOSE CASTILLO PALACIOS DE PIOQUINTO CASTILLO Y PETRONA PALACIOS MADRI FRANCISCA PALACIOS
176
NICOLASA DE LEON ARGUETA
JULIA MORALES CARDONA D ECIRIACO MORALES Y FAUSTINA CARDONAMADRINA FRANCISCA TARACENA
 177
NICOLAS LOPEZ MORALES DE JOSE MARIA LOPEZ Y DE NOLBERTA CASTILLO   MATRI ABRIL 1879 MADR RITA ALVARADO
178
LOPEZ ARGUETA
MARIA DE JESUS CASTELLANOS SAMAYOA DE FELIPE CASTELLANOS Y MARIA SAMAYOA  PADRINO DON SANTOS CARRERA (Hermano de Rafael Carrera presidente de Guatemala)
JOSE MARIA CASTILLO LOPEZ DE PEDRO CASTILLO  Y  ALEJANDRA LOPEZ
AÑO DE 1861
179
EULALIA GUTIERREZ `PALACIOS  MAD CIPRIANA MERIDA
MANUEL YSIDORO GALINDO RIVERA
DANIEL HERRERA RECINOS
HERMELINDA HERRERAN MARTIN
ALVARADO HERRERA MADRI SATERNINA PALACIOS
MARIA SANTIAGO D E CHIANTLA
 180
LOPEZ CASTILLO  MADRI MARIA VILLATORO
CAST CARD
EULALIO  SOSA
RECINOS CARD MADRI EULOGIA GRANADOS
HIDALGO MAURICIO
PALACIOS HERNANDEZ
181
CORNELIO PALACIOS VILLATORO   POR INF. SEGUIDA  POR MEDIO DE DECLARANTES  MARIA ANGELA ARGUETA Y NICOLASA ARGUETA  EN 1835 FUE BAUTIZ CORNELIO HIJO D EMARIANO PALACIOS Y DE FELIPA VILLATORO  FUE PADRI JOSE LEON ARGUETA
JULIANA RIVERA MADRI MARIA RIVERA
DE GREG LOP Y CIRI MORA
RECINOS GONZ
CASTILL MONZON  PADRI CAYET PALACIOS
CAST RECIN
182
ALVAR MORAL
MARIA IZQUIERDO
GUILLERMA LOPEZ D E LEANDRA LOPEZ
 JULIAN GRANADOS MORALES DE JUAN ESTEBAN GRANADOS Y DE VITORIA MORALES
TEODULA ARGUETA
GUTIERREZ PALACIOS MADRI MANUELA LOPEZ
FRANCISCO DE PAULA TADEO PALACIOS HERRERA  DE CAYET PALACIOS Y DE PIA HERRERA  MADRINA DOÑA SUSANA MONT

 183
SIEMON LOPEZ
EMILIA LORENZA CLAUDIO PADRI DON MANUEL ZEA














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